REWIEV "SALKA EN LA TIERRA DE NADIE"

February 9, 2020

Nord enllà. (Hacia el Norte)

 

 

En uno de los poemas touaregs que acompañan el filme de Xavi Herrero, Salka, en la tierra de nadie, podemos escuchar: "Con el desierto ante ti, no digas: ¡Qué aridez! Di: ¡Qué extraña belleza! ".

Y creemos que este pensamiento funciona a modo de indicador, de manual de instrucciones para orientarse en el hipnótico viaje que el director nos propone a lo largo de 70 minutos de movimiento continuo, por un territorio que podríamos calificar de onírico, si no fuera que se han ido diseminando calculadamente unas cuantas notas de realidad, como para que no nos podamos hacer los ingenuos.

 

Estas notas de realismo, sin embargo, el espectador las percibe de forma casi sutil, si lo contrastamos con esta metáfora lanzada al galope llamada Salka, que Herrero se ha dedicado a expurgar de casi toda anécdota, de toda baliza que nos guíe en la travesía del desierto.

 

 

Setecientos kilómetros en un tren de mercancías que transporta minerales, formado por un rosario de vagonetas donde las personas viajan mezcladas con la carga, en una circunvalación infinita de Mauritania desde la bahía atlántica de Nouadibhou, y vuelve a empezar.

 

 Si hubiéramos de expresarlo por medio del lenguaje popular -que a menudo enmascara una inducción de los aparatos ideológicos del Estado- diríamos que esta es una de esas películas donde "no pasa nada". Y todos entendemos lo que significa según así se pronuncia.

Pero a lo que esta frase se refiere en realidad, es a una ausencia de sucesos en el relato.

 

 

En este mundo cada vez más instalado en el horror vacui, todo lo tenemos que explicar a base de sucesos, sean accidentes, crímenes, disputas o éxitos apoteósicos y carreras fulgurantes. Para una mirada tal, en Salka quizás no pasa nada, cuando en realidad pasa todo.

 

Este trayecto sin fin, al ritmo de la contramarcha del ferrocarril, se convierte en definitiva, en un viaje sin sentido: el deseo humano impulsado hacia la nada, desplazarse para desplazarse, porque siempre hay un territorio por recorrer, un lugar donde los pastos son más verdes. Y mientras, pasa la vida por nuestro lado, con toda su terrible belleza.

 

Una vez vaciados de todo artificio, la perfecta desnudez del paisaje aparece ante nuestros ojos, también sin artificios, sin ideas preconcebidas.

 

Al final del camino nos espera el océano, siempre en movimiento, mientras miles de africanos cabalgan un monstruo de hierro y ruedas para llegar al paraíso del otro lado del mar, "hacia el norte, donde dicen que la gente es limpia y noble, culta, rica, libre, despierta y feliz! ".

 

 

Carles Fabregat  

 

 

 

 

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

August 11, 2019

Please reload